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El Estado y la comunicación.
*Manual para periodistas y comunicadores, adictos al sistema.
Culiacán, Sinaloa; a 9 de junio de 2006.
Concluido a las 2 de la mañana, con 8 minutos.

Por: Ernesto Alonso López Uriarte.

La división de intereses en el gremio periodístico ha agudizado extraordinariamente el proceso del control del Estado sobre los contenidos de los medios de comunicación. Los medios se convierten en presidios militares para los obreros de la prensa. Libertad de expresión y no a la censura, en el discurso oficial y control laboral de los periodistas y comunicadores, por la vía de los hechos.

Se distingue la adaptación vil y lacayuna de los “jefes” de los medios de comunicación al Estado. No sólo se supeditan a sus intereses de grandes dueños de los trabajos de los periodistas y comunicadores, sino que también se someten a los intereses del Estado, pues la mayoría de los grandes consorcios de radio, televisión y prensa, explotan y esclavizan a muchos periodistas y comunicadores, cuyos líderes se empequeñecen a propósito de vender cara su dignidad.



Pero, analicemos: el Estado es producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones entre ricos y pobres. El Estado surge porque los intereses de ricos y pobres no pueden conciliarse y la existencia del mismo, demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables.



Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión.



Cuando los políticos le dicen a los periodistas y comunicadores que no hagan apología de la violencia en sus notas informativas, para que el pueblo olvide el poder que se obtiene al manejar armas contra los corruptos administradores del Estado, invocan precisamente el “orden” que legaliza y afianza esa opresión, que por la influencia del Estado los periodistas y comunicadores difunden en sus notas informativas. La liberación de este lastre no será posible sino con una revolución cultural y educativa, promovida desde el gremio, para su propia dignificación, puesto que como clase dominada por los intereses del Estado y algunos de sus lacayunos “jefes” de los medios de comunicación, se divorcia cada vez más de las denuncias públicas de las reales necesidades del pueblo.



El Estado toma su fuerza de la sociedad, se sitúa por encima de ella y se divorcia cada vez más de ésta. Uno de los instrumentos de los que se vale para mantener control de la opinión pública es infiltrar asociaciones, federaciones, sindicatos y uniones de periodistas y comunicadores. Coloca a un ejército permanente que da fuerza y presta atención a los intereses del poder estatal y sus lacyunos “jefes” de los medios de comunicación, al servicio también en su mayoría al servicio del imperialismo yanqui.



Las organizaciones de la sociedad civil, en manos de líderes de periodistas y comunicadores adictos al sistema, comienzan la labor de reclutar al mayor número de incautos trabajadores de la pluma, que luego con o sin conocimiento de causa, pasan a engrosar las filas de esos “trust”.



Es ahí donde la rivalidad de las conquistas arrecia e impone un gigantesco paso adelante en el reparto de los periodistas y comunicadores. Ahora se les podrá clasificar por ideología, género, club de fans, o tipo de adicción.



¡Y los canallas líderes de periodistas y comunicadores, adictos al sistema, luego se acusarán mutuamente de una guerra ideológica, encubriendo la defensa de los intereses del Estado y sus “jefes” de los medios de comunicación, sobre la defensa republicana de la unión de los periodistas, con llamados al orden y la santa paz.



Para mantener un poder especial sobre periodistas y comunicadores, es necesario que padezcan salarios bajos y actitud de sobrevivencia, para que no se tenga pleno acceso a servicios de salud, vivienda, educación, seguro social, empleo estable y profesionalización.



Es así como algunos de los “jefes” de los medios de comunicación, lacayunos de los intereses del Estado, dueños de los sueldos, aparecen bajo el Estado, pero por encima de la sociedad. Las leyes laborales que existen no son claras, a propósito, para que nadie les obligue a emplear a un periodista o comunicador con salario digno y necesidades básicas resueltas.



¿Qué coloca a estos “jefes” de los medios de comunicación, por abajo del Estado y por encima de la sociedad?... El hecho de que son una clase económicamente poderosa. El moderno Estado se sirve del capital para explotar al periodista y comunicador asalariado. Sin embargo, parece que nuestra democracia burguesa de un país con fachada de cartón capitalista, nos hace creer que serían los “jefes” de los medios de comunicación los reales opresores de los periodistas y comunicadores, pero la realidad es que éstos sólo son lacayunos de los intereses del Estado.



Cuando un periodista o comunicador se muestra renuente al reclutamiento que hacen de su conciencia, con aprobación o no, el poder del dinero de los “jefes” de los medios de comunicación lo corrompe; y si es necesario, el periodista o comunicador pacta directamente con los administradores del Estado. En la actualidad, este ejercicio se ha vuelto un arte.



Pero volviendo al “affaire” Estado y “jefes” de los medios de comunicación… ¿Es una alianza por sólo lazos de amistad?... ¿Qué papel desempeñan los “jefes” de los medios de comunicación en el proceso tolerado por el Estado de lumpenización de los periodistas y comunicadores?... ¿Son estos “jefes” de los medios de comunicación aliados directos o solamente indirectos, de los millonarios malversadores de fondos públicos?...



La omnipotencia de la riqueza permite que se consolide la influencia de los intereses del Estado en la opinión pública, a través de las notas informativas de los trabajadores de los medios de comunicación, simulando el contenido de dichas notas una gran región que pertenece a una maravillosa república democrática, que no depende su prosperidad del régimen político, donde supuestamente existen la libre expresión y la no censura.



No importa pues, con lo anterior, que haya periodistas críticos al sistema… Al fin, siempre habrá adictos con adolescencia de preparación cultural, necesidades irresueltas, en la raya de la sobrevivencia
   
 
   
 
     
   
     
   
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